Agua embotellada, a precio de oro
Publicado por AcuaBlog 29 Marzo 2007 en General.Las empresas envasadoras han convertido el agua en un negocio.
El agua, el líquido elemento o el oro azul, como algunos la llaman, es uno de los elementos fundamentales para la vida. Con todo, no solemos pararnos a pensar en su precio, calidad o salubridad, cuestiones que se acentúan en el caso de las aguas embotelladas. ¿Somos conscientes de que un litro de gasolina suele costar un euro y de que por una botella de 1,5 litros de agua de cualquier dispensadora de una gasolinera pagamos más o menos lo mismo?
Pero la gasolina o el gasóleo no son indispensables para la vida y, en cambio, el agua, pura y limpia, sí. La cuestión es: ¿a qué precio? El agua embotellada –que tendemos a clasificar como la más sana, aunque no sea del todo cierto– cuesta unas 500 veces más que la del grifo y, según dónde, podemos pagarla igual que un recurso tan escaso como la gasolina.
El agua embotellada es, en la actualidad, un gran negocio, pues es un recurso fácil de obtener y de embotellar. Además, tiene un plus de saludable que las empresas embotelladoras han sabido crear y explotar en plena era de la preocupación por una mejor calidad de vida.
Producto de especulación
Según la legislación española, las únicas aguas que pueden denominarse minerales son las que contienen algún componente mineral distintivo. Esto quiere decir que las aguas de manantial no se diferencian de las de abastecimiento público. Por otro lado, también se comercializan las aguas preparadas, que tampoco se distinguen del agua corriente de grifo, pues se tratan de tal manera para hacerlas potables que en el camino pierden sus posibles propiedades.
El agua embotellada ha pasado de ser un bien utilizado por personas con ciertos problemas de salud a un producto más de especulación, a tenor de los precios que se pagan. La mencionada moda tiene también aquí un papel importante. Por ejemplo, en algunas grandes ciudades existen locales exclusivos en los que sólo se vende agua mineral o embotellada. Son una especiede bares de H2O donde en ocasiones los precios son equivalentes a los de las botellas de cava. Incluso muchos restaurantes disponen ya de carta con numerosas modalidades de agua embotellada de todo el mundo a precios casi intimidatorios.
Actuaciones escandalosas
Durante los últimos años, las grandes empresas del negocio de la alimentación se han colocado a la cabeza del sector del agua envasada y cada cierto tiempo nos sorprenden con nuevos productos que tienen como base el líquido elemento. Así, la sed de beneficio de algunas de estas compañías ha provocado ya más de un escándalo. Por ejemplo, cuando Coca-Cola se introdujo en el mercado británico del agua embotellada se descubrió –y la propia casa lo reconoció más tarde– que bajo la marca comercial Dasani vendía agua de grifo tratada a 1,40 euros el medio litro. Esta cifra es una más de las que avalan la especulación que existe en torno a este bien. El agua que esta corporación presentaba como “natural pura” procedía de las tuberías de la Thames Water, una de las empresas británicas de distribución. Esta compañía cobraba por la misma agua que vendía Coca-Cola unos 0,004 euros por cada medio litro, es decir, el precio final era 350 veces mayor.
Activistas indios que participaron en el último Foro Social del Agua, celebrado en México en marzo de 2006, han denunciado, además, la incoherencia que supone que precisamente sea esta empresa una de las patrocinadoras de este evento. Han advertido que la multinacional “se ufana de tener una relación de uso del agua de 2,7 a 1. Esto significa que, por cada 2,7 litros de agua (potable) que extrae de la tierra, fabrica un litro de su producto. Los 1,7 litros restantes se usan para lavar las botellas y la maquinaria y luego se descartan como agua de desecho”. Estos activistas piensan que, en un mundo donde una de cada cinco personas no tiene acceso al agua potable, es absurdo que se extraigan esas cantidades y que se genere tal cantidad de líquidodesechable. Sobre todo si consideramos la escasez: sólo un 2,5% de toda la materia acuosa del mundo es potable; el resto es agua salada. La empresa de refrescos utiliza cada año unos 300.000 millones de litros de agua. Según Amit Srivastava, del India Resource Center, esa cantidad sería suficiente para saciar las necesidades de agua potable en todo el mundo durante al menos 10 días.
Sin propiedades curativas
Contrariamente a lo que nos dan a entender numerosos embotelladores, las aguas envasadas, en general, no tienen propiedades curativas o preventivas. Las aguas envasadas, minerales o no, con gas o sin él, según recoge la legislación española, no tienen ventajas específicas y demostradas para nuestra salud. Si las aguas embotelladas poseen algún mineral original en su composición, se consideran aguas minerales. Si carecen del mismo, se denominan aguas puras o de manantial. Con respecto a su potabilidad, debe ser también original, dado que si se utiliza con ellas algún método de potabilización, se clasificaría como aguas preparadas, algo que debería mencionarse en el envase. Por todo ello, un agua mineral no puede promocionarse como terapéutica: curar, lo que se dice curar, no cura nada. Lo que está permitido es que en los envases de estas bebidas se mencionen sus cualidades o efectos beneficiosos para el organismo. Por ejemplo, si es buena para hacer la digestión o para ayudar a obtener determinados minerales.
Cuando la empresa Font Vella, parte del Grupo Danone, presentó su agua con un “toque de limón”, la Federación de Consumidores en Acción (FACUA) denunció a la compañía por publicidad engañosa. Según esta organización, el producto no procedía del manantial Font Vella, ubicado en Girona, ni se le había añadido limón. La FACUA afirmó que se trataba de un agua mineral proveniente del manantial Volvic, en el sur de Francia, a la que se le había agregado un 0,6% de azúcar y un 0,4% de ácido cítrico y aroma natural. Esto sería sólo un ejemplo del oportunismo que denuncian las asociaciones de consumidores y que existe en torno a este bien público convertido en objeto de lujo saludable con la suficiente labor promocional.
Lo que sale del grifo
En muchas ocasiones, se ha publicado que el agua del grifo no está tan limpia como sería deseable. A mediados de 2006, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) realizó un estudio sobre la calidad del agua del grifo en 50 capitales de provincia españolas y detectó un exceso de trihalometanos (sustancias volátiles que se generan durante la potabilización y que son peligrosas para la salud) en el agua del grifo de veinte de estas ciudades (ver Integral nº 316). En quince se superaban los niveles recomendados –100 microgramos por litro–, y en cinco (Cáceres, Ciudad Real, Zamora, Ávila y Murcia), el límite legal –150 microgramos por litro–. A pesar de todo, a principios de 2007, la calidad del agua del grifo en nuestro país mejoró, según se desprende del último informe de la OCU. Ninguna ciudad de las analizadas superaba el límite legal de trihalometanos y sólo tres (Cáceres, Ciudad Real y Lugo) se situaban por encima del límite recomendado.
También se ha escrito sobre los efectos en nuestro organismo del flúor que suele contener el agua del grifo. El programa televisivo Línea 900 abordó en su momento el asunto de la pureza de nuestras aguas, a las que la Unión Europea no denomina “potables” sino “aptas para el consumo humano”. Curioso eufemismo. Algunos argumentos esgrimidos en este programa fueron los altos porcentajes de arsénico que se han detectado en determinadas comarcas españolas por el abuso de nitratos en las actividades agrícolas y ganaderas, y que la mayor parte de los conductos que transportan el agua a nuestras casas están hechos con materiales más o menos contaminantes.
Pero las aguas envasadas también presentan problemas de limpieza y salubridad. Un reciente informe científico realizado por el Dr. Rocus R. Klont, del Departamento de Microbiología Médica del Centro Médico de la Universidad St. Radboud, en Nimega (Holanda), ofreció datos demoledores. De las 68 marcas de agua envasada que analizó, procedentes de 16 países (55 de países europeos y 14 del resto del mundo), el 37% contenía bacterias como la legionela o el estafilococo, y un 4% contenía hongos, lo que puede suponer un peligro para personas con un sistema inmunitario débil, como los enfermos o los pacientes en proceso de recuperación.
Una de las marcas analizadas provenía de nuestro país. Y es que España es el cuarto productor europeo de aguas minerales naturales tras Italia, Alemania y Francia. Según datos de la Asociación Española de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas, en 2003 se embotellaron unos 5.100 millones de litros de agua, existen unas 100 marcas comerciales registradas en nuestro territorio y bebemos de media por persona 120 litros al año.
El consumo de este producto va en aumento y también los problemas de limpieza. En el año 2002, la OCU analizó 33 marcas comerciales para ver qué cantidad de sustancias peligrosas y microbios encontraba y no detectó cantidades dignas de mención. Dos años antes fue la revista Consumer, de la Fundación Eroski, quien publicó un análisis de ocho muestras de otras tantas botellas de agua. Todas cumplían la normativa prevista.
Precio en constante aumento
Limpia o sucia, embotellada o del grifo, el agua cada vez es un lujo mayor y el cambio climático hace mucho para que esto sea así. Sobre todo en España, donde se prevé que cada vez llueva menos, aunque al mismo tiempo el consumo per cápita no para de crecer y el número de habitantes también, lo que quiere decir que estamos viviendo una realidad insostenible. Con esa excusa o sin ella, los precios del agua del grifo no han parado de subir en los últimos años. El Canal de Isabel II, organismo público dependiente del gobierno de la Comunidad de Madrid, hace dos años impuso una subida de las tarifasen la que penalizó con un aumento del 13% a los particulares, al tiempo que hacía una rebaja a las empresas.
Así lo advirtió el grupo parlamentario de Izquierda Unida en la Asamblea de Madrid. Se han eliminado las bonificaciones para las personas que consumen menos de 18 metros cúbicos “para bonificar a aquellos que hacen un uso intensivo y lucrativo del agua”, en palabras de Fausto Fernández, que fue coordinador regional de Izquierda Unida.
Ésta es una manera peligrosa de entender el ahorro, pues de seguir con estas políticas se da a entender que el uso del agua puede subvencionarse y esto anima a un mayor gasto, sobre todo entre quienes más consumen, las empresas. Los grupos ecologistas advierten desde hace años que se debe premiar a quienes ahorren, sean empresas o particulares, y “castigar” con precios más altos a quienes derrochen agua. No deja de ser curiosa, una vez más, la gran diferencia entre las maneras de encarar este problema según las regiones. Más o menos al tiempo que la Comunidad de Madrid ponía en funcionamiento las medidas que hemos comentado, la Agència Catalana de l’Aigua (ACA) modificaba su manera de cobrar el oro azul a los ciudadanos catalanes. La línea elegida por esta empresa es penalizar los consumos despilfarradores en el ámbito doméstico y también aumentar las tarifas a las industrias más contaminantes y consumidoras en exceso (por ejemplo, las explotaciones ganaderas, entre otras). En la actualidad, existen tres tipos de tarifas. En una casa habitada por tres personas que gasten al trimestre menos de 30 metros cúbicos, unos 111 litros de agua por persona y día, se paga unos 0,31 euros por metro cúbico. Pero si se consumen entre 30 y 54 metros cúbicos, lo que representa unos 200 litros por persona y día, se paga el doble. Por último, los que gasten más de 200 litros por día abonan cuatro veces más que los del primer grupo de abonados. Según un informe de la OCU de 2005, solo en diez capitales se encarece el precio cuando seincrementa el consumo: Ciudad Real, Girona, Las Palmas de Gran Canaria, Albacete, Granada, Málaga, Oviedo, Valladolid, Salamanca y Barcelona.
En realidad, el precio del agua varía de manera extraordinaria según la ciudad. La Federación de Consumidores en Acción realizó un informe en 2004 en el que analizaba el coste del agua en 28 ciudades diferentes y concluía que existía una variación de precio del 761%. Por ejemplo, por consumir doce metros cúbicos y medio de agua –lo normal para una familia de cuatro personas–, en Valladolid se pagaban 2,72 euros al mes en 2004 (más IVA). En el extremo opuesto, Aguas Municipalizadas de Alicante cobraba en el mismo año unos 23,43 euros por el mismo consumo, incluida una cuota fija mensual de 18,68 euros, cuota que en Valladolid no existía.
Normativa
Nacionalizar el agua mineral
El Ministerio de Industria presentó en febrero el Anteproyecto de Ley de Bases de las Aguas Minerales y Termales. Con esta norma quiere declarar de dominio público las aguas minerales y termales, ya que ahora parte de ellas son de titularidad pública. Con esta medida “se procede a demanializar (es decir, pasar a titularidad estatal) todas las aguas minerales y termales”. Para compensar a los propietarios de las aguas demanializadas, el ejecutivo propone en una disposición transitoria establecer una concesión de 60 años.
Este anteproyecto fue muy criticado desde numerosos sectores, que realizaron un parangón entre la política del gobierno de Zapatero con la del boliviano Evo Morales. El proyecto sólo afecta a las aguas minerales y termales (aguas de origen subterráneo con propiedades para la salud) y no incluye las aguas de manantial (aguas potables de origen subterráneo que, previo tratamiento mínimo, son aptas para consumo) ni a las preparadas (las que son sometidas a tratamientos para potabilizarlas).
Tóxicos
Atención al envase plástico
Investigadores del Instituto de Geoquímica AmbientaldelaUniversidad de Heidelberg (Alemania) han estudiado el comportamiento de los envases de plástico a largo plazo y han llegado a la conclusión de que los líquidos guardados mucho tiempo a temperatura ambiente incorporan importantes cantidades de antimonio, una sustancia tóxica componente del polietilén tereftalato (PET) y otros plásticos, aunque los niveles hallados no representan un riesgo de envenenamiento. Cuanto más tiempo se conserve la botella fuera del frigorífico, mayor será la cantidad de antimonio que contendrá el agua. El trabajo ha analizado la migración de antimonio de 48 marcas europeas de agua embotellada en plástico y de 15 canadienses. De modo inmediato, se encontraron niveles de antimonio 100 veces más elevados que los que normalmente se hallan en aguas de manantial, algo normal según la patronal y sin riesgos para la salud. Un año antes, un estudio coordinado por el fisiólogo Ángel Nadal, de la Universidad Miguel Hernández de Elche, concluyó que el bisfenol A, otro componente de los envases plásticos, induce resistencia a la insulina en ratones de laboratorio, lo que dispara el riesgo de diabetes. Según Nadal, por éste y otros riesgos, “si podemos evitar el plástico como recipiente, mejor¨
Fuente: La Revista Integral
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